Héctor Basaldúa
(1895 - 1976)


Naturaleza muerta , 1926
Oleo sobre tela - 65 x.92 cm
Firmado y fechado en ángulo inferior derecho.
Ingresó al Museo Castagnino en 1930.
Adquirido en una muestra particular del artista realizada ese mismo año.


Exposiciones:
Basaldúa, Rosario: Salas de la Comisión Municipal de Bellas Artes, 1930.

Este óleo, propiedad del Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, fechado en 1926 fue realizado durante sus años de estancia en Europa. Ingresó al Museo cuatro años más tarde, en 1930. En esta obra un laúd, libros y un mantel han sido representados sobre una mesa, y en segundo plano se entreven parte de una vasija, un florero y el fondo de una habitación. Las formas sintetizadas, la estructuración del espacio pictórico, al igual que el tratamiento del color dan cuenta de las inquietudes que por entonces movilizan a Héctor Basaldúa, rasgos de la "nueva sensibilidad" estética relacionada con el "retorno al orden" que definió los intereses del Grupo de París.


Vaso con anémonas, 1898 (¿?)
Oleo - 55 x 54 cm
Ingresó al museo en 1964.
Donación Fondo Nacional de las Artes.

Esta obra ingresó al museo en 1964 donada por el Fondo Nacional de las Artes. La obra es representativa del lenguaje maduro del artista, en el que el uso color y la estructura de la composición se destacan como características salientes de su producción. La paleta de colores vibrantes y saturados, en este caso de rojos, verdes y azules es acentuada con el uso del negro en líneas estructurales que también destacan cierta geometrización del modelo. Basaldúa estructuró su lenguaje en relación con el fauvismo y el "retorno al orden", corrientes en boga en Europa en los años 20 y 30; la sensualidad del color y la estructura compositiva se han transformado en los temas de su pintura, en las que los modelos resultan excusas para desplegar su oficio.
Falleció el 21 de febrero de 1976.


Modelo, c. 1942
Oleo- 116 x 68 cm
Ingresó al museo en 1942.
Premio Adquisición Dirección Municipal de Cultura de Rosario en el XXI Salón de Rosario en el año 1942.

Ref:
XXI Salón de Rosario, Rosario: Museo Castagnino 1942.
Exposiciones:
XXI Salón de Rosario, Rosario, Museo Castagnino 1942.



Hector Basaldúa nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires, el 22 de septiembre de 1895. De antepasados vascos, se instaló en Buenos Aires al finalizar la adolescencia, trabajando como empleado de la Dirección de Migraciones.
En 1914 inició sus estudios de pintura en la academia del artista italiano Bolognini, donde concurría por las noches al volver de su empleo. A la mencionada academia asistían también Horacio Butler y Aquiles Badi. En 1915 comenzó a asistir a la Academia Nacional de Bellas Artes. Allí se reencontró con sus anteriores compañeros -Horacio Butler y Aquiles Badi- a los que se sumaron Alfredo Bigatti, Lino Enea Spilimbergo, Pedro Domínguez Neira y Larrañaga. "(...) El entusiasmo por aprender fue tal que quisieron sumar a las dos horas insuficientes de la Academia más tiempo de trabajo. Rentaron un cuarto de inquilinato '... en el que desnudos y por turno posábamos ante una mísera estufa de querosén."
En 1923, tras obtener el título de Profesor de Dibujo, viajó becado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires a Europa cuando transcurría la década del '20 y un importante contingente de artistas argentinos residía en París, entre ellos Alfredo Bigatti, Víctor Pisarro, Alfredo Guttero, Ramón Gómez Cornet, Emilio Pettoruti, Lino Enea Spilimbergo, Raquel Forner, Antonio Berni, Juan del Prete, Emilio Centurión, Pedro Domínguez Neira y Pablo Curatella Manes. En su mayoría asistían a los talleres de André Lothe y Otho Friesz.
Ellos formarían parte del posteriormente denominado Grupo de París. No los unía una teoría estética o una escuela común sino nueva concepción plástica. Alfredo Bigatti definiría los planteos artísticos del grupo como "la búsqueda de lo eminentemente estructural y de los auténticos valores plásticos." Realizaban una pintura de síntesis geométrica o se volcaban hacia una expresión más personal y subjetiva oponiéndose así a la pintura convencional que dominaba en los salones oficiales, las galerías comerciales y a la enseñanza oficial en las escuelas de Bellas Artes de Buenos Aires monopolizados por el naturalismo de fines de siglo XIX. Este grupo considerado por algunos historiadores como de vanguardia se nuclearon alrededor de la revista Martín Fierro junto a escritores, diseñadores y arquitectos, también comprometidos con esta nueva postura estética.
Años más tarde Hector Basaldúa recordaría sus impresiones de esta época con las siguientes palabras: "... París me horrorizó; los cuadros modernos carecían de sentido. Se comprende. Llevaba conmigo todo el peso muerto de los convencionalismos, que habían hecho de la pintura un cúmulo de formas mecánicas. La habilidad técnica y el halago del color eran condiciones más que suficientes para hacernos creer que determinaban valores definitivos. Todos pintamos por entonces las llamadas sinfonías, en un solo tono. Ciframos en ello la virtud máxima del arte. Los primeros cuadros modernos vistos en París no tenían nada en común con las obras de los contemporáneos admiradas aquí. No eran atrayentes; más, eran antipáticas. Toda destreza manual estaba ausente. A estos días de estupefacción siguieron otros de profundo desconcierto; y de pronto se produce la cosa inesperada. Esos modernos me aproximaron a los antiguos, me hicieron comprender toda la profundidad y toda la belleza de los primitivos y de algunos renacentistas; me pusieron en contacto con Giotto y con Tintoretto, y vi que frente a ellos admiraba porque comprendía."
Héctor Basaldúa permaneció siete años en Europa. Desde allí, realizó envíos al Salón Nacional, al de las Tullerías de Paris, al Salón de Otoño y al Salón de los Independientes.


En 1928 Horacio Butler viajó a Buenos Aires para organizar en Amigos del Arte una muestra de cinco artistas argentinos residentes en Europa. Él mismo junto a Héctor Basaldúa, Antonio Berni, Aquiles Badi, Lino Enea Spilimbergo y Raquel Forner. "(...) cada expositor vendió una obra y el periodismo los alentó sin comprometerse demasiado. (...) En una declaración enviada a los diarios por Basaldúa y Spilimbergo criticaban, a la Academia Nacional dirigida por Pío Collivadino, que les parecía no solo inservible sino perjudicial."
En 1930 Héctor Basaldúa regresó a la Argentina. Su actividad se encauzó casi inmediatamente hacia la escenografía. En 1933 se lo nombró Director Escenógrafo del Teatro Colón, cargo que desempeñó durante diecisiete años ininterrumpidamente, reincorporándose en el año 1956 hasta 1959. Antes de su viaje a Europa ya había diseñado bocetos para el ballet de Constantino Gaito. Desde su regreso "(...) intentó aplicar a los problemas escenográficos los principios de la pintura en lo que respecta a la composición y el color, rompiendo con el ilusionismo. Trató de recrear climas sugiriendo contrapuntos entre lo pictórico y lo escénico."
También trabajó como grabador litográfico e ilustrador de los textos literarios, entre los que se cuentan textos de Manuel Mujica Láinez, Silvina Ocampo y Bioy Casares.
En el año 1933 fue designado Director Escenógrafo del Teatro Colón. En 1935 participó de la presentación argentina de la Exposición Internacional de Pintura en Pittsburg, EEUU, junto a Horacio Butler, Emilio Centurión, Raquel Forner y Lino Eneas Spilimbergo. En 1936 fue becado por la Comisión Nacional de Cultura para perfeccionar sus conocimientos de técnica teatral en Alemania, Francia e Italia. Ese mismo año la manufactura nacional de Sévres utilizó por primera vez sus motivos y aguafuertes para decorar piezas de porcelana. Se edita su libro "Escenografías de Hector Basaldúa" y años más tarde "Litografías de Héctor Basaldúa" con textos de Jorge Luis Borges. En 1946 viajó a Estados Unidos para perfeccionarse en técnicas escenográficas.
Obtuvo numerosos premios en el campo teatral: Primer Premio de Escenografía de la Comisión Nacional de Cultura, el Gran Premio de Escenografía en la Exposición Internacional de París.
A partir de la década del '40 a los éxitos de su carrera teatral se agregó su consagración dentro de la plástica. En 1942 recibió el Primer Premio de Pintura en el Salón de Rosario, el Premio de la Comisión Nacional de Cultura en el II Salón Nacional de Arte Decorativo, el Primer Premio en el Salón Anual de Acuarelistas y Grabadores, Primer Premio en el Salón Provincial de La Plata en 1944 y en 1949 obtuvo el Premio Palanza. En 1956 reasumió la Dirección Escenográfica del Teatro Colón, obtuvo el Primer Premio de Pintura del Salón Nacional de Artes Plásticas, el Premio Helena Rubinstein y fue nombrado miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes y el Gran Premio Adquisición de la Bienal Americana del Museo A. Caraffa en 1957 de Córdoba. En 1958 fue nombrado Director del Fondo Nacional de las Artes. En 1970 obtuvo el Premio I.P.C.L.A.R. de Santa Fe.
Desde 1953 hasta 1969 expuso con regularidad en las galerías Müller, Viau, Bonino y Van Riel.
Falleció el 21 de febrero de 1976.

Bibliografía:
San Martín, María Laura, Breve Historia de la Pintura Argentina Contemporánea, Buenos Aires, Editorial Claridad S.A., 1993.
Burucúa, José Emilio, Nueva historia argentina. Arte Sociedad y política, Volumen 1, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1999.
Babino, María Elena, Catálogo Artístico del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, Buenos Aires, Ediciones de Arte Gaglianone, 1997.
Lopez Anaya, Jorge, Historia del arte argentino, Buenos Aires, Emecé Editores, 1997.
Historia general del arte en la Argentina, Tomo VI, Academia Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, 1988.
Asociación Argentina de Críticos de Arte, Historia crítica del arte argentino, Buenos Aires, Editada por la Dirección de Relaciones Exteriores y Comunicaciones de Telecom Argentina, 1995.