Marcelo
Bonevardi
(1929 - 1994)
Arco rojo, 1957
óleo sobre tela- 89 x 59,7 cm
Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo.
Ingresó en 1957. Donación de la Municipalidad de Rosario.
Premio Adquisición en el XXXVI Salón de Rosario.

Brioles, 1987
técnica mixta- 100 x 76 cm
Ingresó en 1988. Donación de la FJBC. Premio Rosario 1987.
Nació en Buenos Aires,
el 13 de mayo de 1929, en el barrio San José de Flores.
Entre 1948 y 1950 cursó estudios de arquitectura en la Universidad
Nacional de dicha localidad, carrera que abandonó para dedicarse
al arte. Autodidacta, en un primer momento copió la naturaleza.
No obstante, el paisaje fue simplificándose paulatinamente hasta
adquirir ciertos rasgos metafísicos.
En 1950 viajó a Italia y comenzó sus primeras investigaciones
en el campo de la no figuración. Atraído por la obra pictórica
de Piero Della Francesca, Fra Angélico y Giotto, decidió
estudiar también los aspectos compositivos del lenguaje renacentista.
Arco rojo se corresponde con esas primeras experiencias de producción
plástica. En este caso, las formas geométricas se relacionan
en el marco de una estructura compositiva regular, manifestando cierta
familiaridad con los elementos de los lenguajes clásicos.
En 1958 obtuvo la beca Simon Guggenheim, y al año siguiente se
instaló en Nueva York. Allí, se contactó con las
innovaciones más importantes de la década pero se interesó
más por las culturas arcaicas. Asimismo, las cajas del artista
Joseph Cornell llamaron su atención, ejerciendo gran influencia
sobre él.
En consecuencia, en 1963 surgieron sus pinturas-construcciones. En esa
primera etapa, Bonevardi incorporó objetos y formas geométricas
que sobresalen o se hunden en nichos cóncavos, generando cierta
movilidad en el plano. Se sirvió de la geometría orgánica
para sugerir la presencia de antiguas ruinas, ídolos o símbolos
de enigmáticos rituales. A partir de 1965, nuevas imágenes
fueron incorporadas a los frisos, siendo sus temas principales la máscara
y el talismán.
En 1970, en su afán por romper con los espacios cerrados, el
artista dejó de lado el formato regular del soporte, optando
por la apertura espacial de la imagen y la irregularidad de la estructura.
En ese contexto, la organización compositiva ocupa un lugar fundamental
ya que constituye el punto de partida y el soporte de sus obras. Rasgo
que manifiesta la influencia constructiva de Joaquín Torres García.
En ese proceso, el uso del color es sumamente cuidadoso, respondiendo
a los paradigmas básicos de la composición a fin de facilitar
la percepción de la oposición entre formas o de enriquecer
el juego de texturas.
A partir de 1980, la producción de Bonevardi manifestó
la presencia continua de fragmentos de arcos, cornisas, entablamentos
y columnas dibujados, pintados o insinuados. Si bien siempre hubo una
dominante estructural arquitectónica en sus imágenes,
las realizaciones de ese período advierten el papel primordial
que le otorgó a la arquitectura.
Brioles forma parte de ese conjunto de pinturas-construcciones que lo
ocuparon hasta su muerte. Las características que la definen
son principalmente la estructura asimétrica, la presencia de
zonas de relieve y la adición de elementos tridimensionales que
resaltan su temperamento objetual. El color es utilizado para establecer
un sistema de direcciones cuyas líneas rojas, azules, amarillas
y negras continúan la orientación de las formas.
El recurso de la geometría y la presencia de algunos rasgos del
Informalismo son el indicio de su preferencia por la ambigüedad
espacial, una de las características decisivas de su producción
plástica. Los elementos adheridos permiten vislumbrar la utilización
del fragmento como recurso estético y conceptual. En este y en
otros casos, la función del mismo es la de operar como metáfora
de un mundo imaginario y mágico, logrando además el efecto
de unidad y totalidad. Dos agujeros ubicados al costado izquierdo superior
de la obra remiten a otro mundo. Ambos simbolizan la presencia de la
máscara, concebida como disparador de una realidad oculta tras
la materialidad del cuadro.
En el marco de su actividad académica, fue nombrado Profesor
Adjunto de Artes Plásticas de la UNCBA, en 1956. También
obtuvo la designación como jurado de arte latinoamericano y caribeño
para la Fundación John Simon Guggenheim, en 1979.
Exhibió sus obras en diversas ciudades del mundo, realizando
múltiples exposiciones.
Entre otras distinciones, se destacan: Premio Adquisición, XXXVI
Salón Anual de artes plásticas, MMBAJBC 1957, Premio Internacional,
X Bienal de San Pablo, Brasil 1969, Premio Rosario 1987, y Premio Konex
de Platino 1992.
En 1991 se radicó en la Ciudad de Córdoba, sitio en el
que murió el 1º de febrero de 1994.
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