José de Ribera
(1591 - 1652)




San Andrés, patrono de los pescadores
, ca. 1934
óleo sobre tela - 105 x 95 cm
Ingresó en 1942. Donación de la familia Castagnino



San Andrés, patrono de los pescadores fue comprado por Juan B. Castagnino al anticuario francés Brunner en 1921 por intermedio de la galería Witcomb de Buenos Aires. El catálogo del primero lo denominaba Pierre avec ses attributs: la croix de martyr et le poisson y lo daba por obra de Ribera. La tela, sin embargo, representa al apóstol Andrés de medio cuerpo con una cruz en aspas y un pescado, sus atributos iconográficos. Responde al estilo tenebrista de Ribera. Las figuras de medio cuerpo de apóstoles aparecieron en la producción de este algo antes de 1640, junto con sus retratos de filósofos. Su éxito condujo a la ejecución de réplicas y copias, especialmente de los apóstoles de mayor devoción. El cuadro del MMBAJBC sigue sus modelos habituales: tipos callejeros, personajes duros, curtidos por la edad y el sufrimiento, austeros y serenos en su condición meditativa. Los lienzos de este tipo del artista medían por lo común vara y media por vara y cuarto (128 x 100 cm), por lo que el del museo, que mide 105 x 95 cm, presenta una ligera variante.

El apostolado del Prado -una serie de once lienzos de formato casi idéntico con las imágenes de Cristo y los apóstoles, excepto Matías y Juan- es el más conocido de la producción del maestro y provino de la Casita del Príncipe, del Escorial. Se cree que no es el único que salió de su taller y que es probable que hayan existido varias series que coincidían en algunos de sus elementos. Spinosa considera que el cuadro del MMBAJBC es una copia de taller de un original realizado entre 1630 y 1632. Lo cita en la ficha de una obra titulada San Bartolomé de perfil izquierdo, del City Art Museum de Saint Louis (catalogada con el número 293), de características muy similares a las del apostolado del Prado, firmada y fechada en 1634, de idéntico modelo que el San Andrés que nos ocupa y considerada por dicho autor y por Felton de un desconocido imitador de Ribera. Sostiene también en el trabajo citado que existiría una pintura con el mismo modelo de dicho San Bartolomé que representaría a San Andrés, de 110 x 85 cm, que habría aparecido en el salón del anticuario Brunner, en París, en 1921, como obra autógrafa de Ribera. Sobre la base de la documentación de la donación Castagnino y del catálogo del anticuario Brunner, es posible conjeturar que el San Andrés de Rosario es el que cita Spinosa, quien, en conocimiento de los informes técnicos de la obra, consideró -en la mencionada correspondencia- la obra como autógrafa y la dató en 1634, la misma fecha de la pintura de St Louis, desde hace poco también considerada como autógrafa. En lo último también estuvo de acuerdo Gaya Nuño, quien, además, hizo referencia a un San Andrés cuyas medidas coinciden con el del MMBAJBC. Según él, se hallaba perdido y habría pertenecido a la colección Gaboriaud, algo a tener en cuenta.

Durante la primera mitad del siglo XVII, especialmente en las tercera y cuarta décadas, muchos de los vínculos artísticos entre España y Nápoles pasaron por el taller de Ribera, organizado probablemente algo antes de 1630 y destinatario de pedidos de muchas partes de Europa. Entre sus integrantes había pintores de buena calidad, formados en el mismo taller o llegados a él con buena reputación. Concebidas por el maestro y realizadas bajo su dirección -y algunas incluso firmadas con su nombre-, no es sencillo discernir qué obras son de su mano y cuáles de sus discípulos, especialmente aquellas fechadas entre 1641 y 1646. Por ello, muchos cuadros atribuidos al pintor -aun si llevan fecha y su firma-, fueron realizados por algún colaborador siguiendo sus indicaciones.
Los modelos riberianos se difundieron como objetos de devoción en el ambiente piadoso de España y su influencia e imitación llevaron a que, con el tiempo, resultara más sencillo distinguir originales de copias. Los apostolados, por otra parte, fueron tema recurrente para la Contrarreforma, y Nápoles fue según De Maio, un museo de las instituciones de la Contrarreforma y un emporio de devociones, literatura y biografías hagiográficas. Los pintores tuvieron a su cargo poner rostro a los más de seiscientos santos venerados en aquellos años. En este contexto, Ribera expresó su penitencia, su soledad y su martirio. Las vidas de esos santos ofrecían temas pedagógicos y argumentos apologéticos, como la revelación divina y el milagro. En el contexto italiano de aquel siglo, el espíritu del arte español fue identificado con los excesos de la dominación hispana en Nápoles. El realismo intenso de la obra de Ribera fue comprendido por la historiografía italiana como violento y anticlásico, y su estilo, dramáticamente expresivo, constituyó el producto no solo de la ocupación española sino, también, de la intransigencia dogmática del contrarreformismo riguroso.


María de la Paz López Carvajal