Valentín de Zubiaurre

(1884 - 1929)


La vieja vasca, sin fecha
óleo sobre tela- 78 x 60 cm
Firmado en el ángulo inferior derecho.
Ingresó en 1940. Donación de J. M. y Rubén Vila Ortiz.



Tanto Valentín de Zubiaurre como su hermano Ramón, también artista, actuaron en épocas en que el naturalismo y el impresionismo tenían más adeptos entre los artistas madrileños. Aunque nacieron en Madrid y allí tuvieron su residencia, fueron considerados vascos por ascendencia y sensibilidad.
Valentín de Zubiaurre ingresó en la escuela superior de pintura de San Fernando en 1894. Hizo su primera aparición pública en la exposición nacional de 1899, cuando terminaba de cursar sus estudios, con tres paisajes vizcaínos con figuras pintados al aire libre. Su consagración oficial fue temprana: en 1901 obtuvo la tercera medalla en el Salón Nacional de Madrid por un retrato de sus padres. Al año siguiente viajó a Italia con una beca de la diputación vizcaína y, entre 1905 y 1906, recorrió Europa. En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908 ya exhibía un lenguaje maduro en composiciones de temas vascos, influenciados por la pintura de Ignacio Zuloaga. Luego de conseguir la máxima distinción en la Exposición Nacional de Madrid en 1917, su obra fue premiada y difundida internacionalmente. En 1944 fue nombrado académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

La vieja vasca es una obra característica de la producción de Zubiaurre, al igual que Tío Romualdo, también perteneciente a la colección del MMBAJBC. Ambas obras tienen las mismas cualidades técnicas y compositivas y similares dimensiones, pero ingresaron en diferentes fechas y por distintas donaciones. La vieja vasca fue donada por Rubén Vila Ortiz en 1940.
La difusión de la pintura española fue un hecho destacado en la Argentina de las primeras décadas del siglo XX, relacionado con la defensa de valores tradicionales ante el avance de las corrientes modernistas. Ejemplos de ello fueron la mayor compra realizada en la Exposición Internacional del Centenario en 1910, destinada al MNBA, constituida por cuadros de José Luis Benlliure, Fernando Álvarez de Sotomayor, Gonzalo Bilbao, Anselmo Miguel Nieto y Zuloaga, entre otros, y las exposiciones de pintura española realizadas entre 1897 y 1927 por la galería Witcomb. Entre estas, en 1920 se celebró una de los Zubiaurre, que luego iría a Rosario, donde fue recibida con entusiasmo por los coleccionistas locales -Valentín había obtenido la tercera medalla en la Exposición Universal del Centenario- y surgió la idea de adquirir una de las obras para el recién inaugurado museo. Así es como Esteban Brusaferri compró y donó Tío Romualdo, y la asociación El Círculo, el Club Social y Juan B. Castagnino hicieron lo mismo con Shanti el Atalayero, firmado por Ramón. La revista de El Círculo elogió la exposición y las adquisiciones, y reprodujo las dos obras.

Los hermanos Zubiaurre buscaron orientación artística en los museos madrileños y completaron su formación en el taller de Alejandro Ferrant y Muñoz Degrain. De esa etapa de estudio y copias de los maestros españoles es sin duda una pintura subyacente a La vieja vasca que se advirtió con rayos X. Es una copia de Eliecer y Rebeca de Murillo, cuadro anterior a 1665 que está en el Museo del Prado.
Los retratos y las composiciones de género constituyeron los temas más conocidos y difundidos por Valentín de Zubiaurre. Su obra se caracteriza por un dibujo detallista de intención descriptiva y pintoresquista y por cierta atmósfera ingenua y primitiva. La repetición de sus modelos a causa de la demanda del público, que ha originado críticas severas de su producción, queda en evidencia en los dos retratos del Castagnino, que tienen el mismo patrón compositivo con una única figura en un fondo neutro y oscuro, rostros de un realismo minucioso con rasgos vascos que exacerban la expresividad fisonómica. Como en la mayoría de sus retratos, los personajes están inmóviles en una atmósfera de silencio.

María de la Paz López Carvajal.