Raquel Forner
(1902 - 1988)




Ritmo
,
1934
óleo sobre tela- 106 x 96 cm
Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho.
Ingresó en 1954. Donación de Domingo Minetti.

Ref:
Dorival, Geo, Raquel Forner, Buenos Aires, Losada, 1942 (se reproduce en Lámina IV)
Catálogo XXIV Salón Anual de Artes Plásticas, Buenos Aires: Dirección Nacional de Bellas Artes, 1934 (se reproduce con el número 78)
Pagano, José León, El arte de los Argentinos, Tomo V, Buenos Aires, Editorial del Autor, 1937.
Exposiciones:
XXIV Salón Anual de Artes Plásticas, Buenos Aires: Dirección Nacional de Bellas Artes, 1934.





Órbita (perteneciente a la serie del Espacio)
,
1968
óleo sobre tela- 126 x 160 cm
Firmado en el ángulo inferior derecho.
Ingresó en 1979. Donación de la FJBC. Premio Rosario 1979.




Encuentro, (perteneciente a la serie de las Lunas), 1958
óleo sobre tela- 138 x 46 cm
Ingresó al Museo Castagnino en 1962. Donación Fondo Nacional de las Artes.



Nació en Buenos Aires, el 22 de abril de 1902. Activa participante en la transformación modernista asumida por las generaciones de los años 20 y 30.
En 1922 obtuvo el título de Profesora de Dibujo, otorgado por la ANBA. En 1928 realizó su primera exposición individual. Un año más tarde viajó a Europa. En París, asistió a los cursos dictados por Emile Othon Friesz y participó en el VIII Salón de las Tullerías, en 1930.
El bagaje europeo, la visita a los museos y el enriquecimiento técnico condicionaron su producción posterior.
Retornó a Argentina en 1931, y junto con Alfredo Guttero, Pedro Domínguez Neira y Alfredo Bigatti, entre otros, cofundó el Taller Libre, cuyo fin fue difundir nuevas teorías artísticas y legitimar prácticas modernistas.
Las obras de Forner se han relacionado directamente con los grandes acontecimientos sociopolíticos mundiales. Inicialmente expresionista derivó en diferentes lenguajes a lo largo de su trayectoria.
En sus primeros trabajos, cierta influencia de la escuela muniquense se hizo presente a través de una factura que dejó entrever el modo de construcción y las pinceladas sueltas.
En los años 30, la artista encaminó su obra hacia la reflexión de los problemas de la plástica. Resolvió la imagen a través de un lenguaje vigoroso y rígido, determinado por colores densos y concentración de masas. Los pliegues, la solidez de los cuerpos, las formas establecidas a través de la línea y la organización constructiva constituyeron rasgos remitentes al período pompeyano de Pablo Picasso.
No obstante, la característica fundamental de esa época fue la evocación de la Antigüedad Clásica mediante la representación de templos derruidos y elementos del pasado pagano. Peces, ofrendas frutales y ramos de espigas fueron algunas de las imágenes recurrentes. Figuras femeninas transformadas en esculturas determinaron una referencia directa a la obra de su marido, el escultor Alfredo Bigatti.
Esos recursos otorgaron a su producción cierto tinte clasicista y monumental, conviviendo con referencias a la pintura metafísica italiana.
Ritmo se encuentra dentro de esos parámetros y su vigor plástico emerge en un paisaje impreciso. Sin abandonar el realismo, la autora creó una realidad pictórica autónoma, combinando componentes con ciertas notas simbólicas. Existe allí un claro orden dado por la construcción rigurosa de las formas, la agrupación de figuras y la organización de gamas cromáticas.
En 1936, Forner inició la serie de España. Cargada de una atmósfera violenta, esas obras hicieron alusión al posterior desenlace de la Guerra Civil Española. Hacia 1938, su pintura se transformó en un correlato trágico de los acontecimientos mundiales. Su intención temática la alejó de la abstracción, asumiendo un fuerte compromiso con el momento histórico.
A fines de la década del 50 dio comienzo a las series que aludieron a la relación establecida entre el hombre y el cosmos. Cerca del Informalismo y de la Nueva Figuración, su producción se enriqueció con texturas, los tintes se intensificaron y se hicieron presentes los grafismos. En ese período surgieron sus conocidas serie de las Lunas y serie de los Soles.
Órbita, perteneciente a la serie del espacio, se inscribe dentro dichas características. Allí, la artista eludió la perspectiva, corporeizó la materia, chorreó colores y delimitó las zonas cromáticas con trazos negros. Las imágenes representadas responden a diferentes categorías de seres creados por Forner. Los personajes pintados en blanco y negro remiten a aquellos que aún no han descubierto las nuevas dimensiones espaciales y transitan una condición trágica. Los mutantes, de tintes saturados, habitan la nueva dimensión espacio-tiempo. Los astroseres, en su mitología, liberan al terráqueo. Por último, se encuentran los astronautas, conquistadores del misterio, el puente tendido hacia el devenir.
La obra de Forner suele ser considerada anticipatoria de lo que fue la gran conquista espacial. Hecho que impulsó a la artista a poblar su iconografía de seres astrales.
A lo largo de su trayectoria, participó en innumerables muestras colectivas e individuales en galerías, museos y salones de países como: Uruguay, Brasil, Francia, México, España, Alemania, Inglaterra, Japón y Canadá.
Concurrió a las Bienales de Venecia, La Habana y Medellín.
En 1935 participó en la exposición internacional llevada a cabo en Pittsburg, Estados Unidos.
En 1978 fue invitada a exponer en la UNESCO, en París. También participó en la IV Bienal del Grabado Latinoamericano realizado en San Juan de Puerto Rico.
Entre otros reconocimientos, obtuvo: Segundo Premio, XXIV Salón Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires 1934, Primer Premio de Pintura, Salón Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires 1942, Premio Palanza, ANBA 1947, Gran Premio de Honor, Salón Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires 1955, y Premio de Honor, Bienal Interamericana 1962.
En 1982 creó la Fundación Forner-Bigatti y, en 1983, realizó una muestra retrospectiva en el MNBA.
Murió el 10 de junio de 1988, en Buenos Aires.