Francesco
Furini
(1604 - 1646)
Giges en la alcoba del rey Candaulo, catalogado como Venere sdraiata,
sin fecha
óleo sobre tela- 162 x 215 cm
Ingresó en 1938. Donación de Alfonso Janelli.
Durante
los trescientos años de los siglos XV, XVI y XVII, la pintura italiana
abrió caminos artísticos que más tarde transitaría
el resto de Europa. En particular, en el último de esos siglos
la reacción contra el manierismo, encarnada en las dos grandes
corrientes del barroco, la naturalista y la clasicista, tuvo su origen
en Italia y constituyó el modelo que siguieron otras escuelas regionales
europeas. Pero la Toscana, que había tenido un cometido fundamental
al comienzo del lapso, es decir en el período renacentista, no
se contó entre las regiones italianas de más esplendor artístico
en el siglo XVII: Roma, Bolonia y Nápoles fueron donde alcanzó
su mayor brillo el arte barroco.
Por
su expresión sensual, Giges en la alcoba del rey Candaulo es
un ejemplo típico de la pintura toscana de su momento. Su autor
era entonces uno de los pintores más característicos y
estimados de Florencia. Su estilo fue continuado por otros artistas
de su generación y por sus discípulos Vincenzo Mannozzi
y Simone Pignoni, hasta fines del siglo. Había entonces hábiles
decoradores en esa ciudad, como Domenico Cresti di Passignano (ca. 1560-1636)
y Bernardino Poccetti (1548-1612), y estaba activo Ludovico Cardi, llamado
Cigoli (1559-1613), pintor y arquitecto influido por Federico Barocci
y Caravaggio. Giovanni di San Giovanni (1592-1636), discípulo
de Mateo Roselli (1578-1650) y decorador del palazzo Pitti y del museo
degli Argenti, suele ser considerado el pintor más original de
Florencia en esa época.
Furini, también discípulo de Roselli, es un exponente
característico del siglo XVII florentino, como también
lo fue Carlo Dolci (1616-1686), conocido por sus madonas. Su maestro
lo habría iniciado en el estilo que Giusseppe Cantelli llamó
barroco psicológico, cuya interpretación de la realidad
se basó en la introspección psicológica. Originado
en el clasicismo, es un estilo mórbido, sus composiciones tienen
un evidente halo de misterio creado por las luces y sombras empleadas
para representar la atmósfera.
Antes de llegar al taller de Roselli, Furini dio los primeros pasos
de su educación artística con su padre Filippo, un pintor
regional de retratos influido por Agnolo Bronzino. Luego, según
su biógrafo Filippo Baldinucci (1681), trabajó con Domenico
Cresti, il Passignano, autor de los frescos de la capilla Salviati de
San Marcos de Florencia y de pinturas de la sacristía de la capilla
Paulina, en Santa María la Mayor, en Roma, cuyo estilo y técnica
revelan el estudio de los venecianos y la influencia de Tintoretto.
Furini también se desempeñó en el taller de Giovanni
Biliverti, hijo de un pintor flamenco que seguía el estilo maduro
de Cigoli. Así adquirió destreza como dibujante y comenzó
a inclinarse por los tonos azulados de fondo que serían luego
característicos de su pintura. Pero realizó su verdadero
aprendizaje con Roselli, gran admirador de Andrea del Sarto, influido
por Correggio y por los tonos cálidos y esfumados de la luz veneciana.
Furini estuvo algún tiempo en Roma junto con Di San Giovanni
y, entre 1623 y 1624, trabajó en Florencia con su maestro en
la iglesia de Santi Quattro Coronati y en el palacio Pallavicini-Rospigliosi.
En 1625 fue nombrado académico en Florencia y en 1633 profesó
en el convento de Sant'Ansano, en Mungello. Aunque no abandonó
la pintura profana, en la que abundan los desnudos femeninos de refinada
sensualidad, se centró en temas religiosos. En 1636 trabajó
en un fresco alegórico dedicado a la gloria del Lorenzo el Magnífico,
en el palazzo Pitti. Murió en Florencia en 1646.
Giges
en la alcoba del rey Candaulo ejemplifica los rasgos del arte de Furini
puestos de manifiesto por Cantelli: la sensibilidad para captar el ánimo,
la pasión humana y los valores de la psiquis. Tal vez fue denominada
así por alguien que no fue su autor, porque la figura femenina
remite a un tema clásico de la historia del arte, la Venus tendida,
según el modelo veneciano de Giorgione y Tiziano. El cuadro ilustra
un episodio narrado por Herodoto en su primer libro. Candaulo, rey de
Lidia, fascinado con el cuerpo de su mujer, invitó a Giges, un
miembro de su guardia, a que la observara a escondidas en el momento
en que se desvestía para acostarse. La reina se dio cuenta de
la presencia del intruso y, al día siguiente, le dio a elegir
entre ser condenado a muerte, porque no solo entre los lidios, dice
Herodoto, sino entre casi todos los bárbaros se tiene por grande
infamia que hasta un hombre se deje ver desnudo, o matar al rey y casarse
con ella. Giges optó por lo segundo y se convirtió en
rey de Lidia.
La figura femenina pintada por Furini está acompañada
por un perro y tiene el pubis cubierto con un paño. A diferencia
de las composiciones de Tiziano, su torso está girado hacia el
extremo izquierdo del cuadro, donde el animal cierra la composición.
La torsión del cuerpo de la mujer, la curva que conforma la estructura
del cuadro, la luz que irradia la piel nacarada y las esfumaturas de
color dotan a la imagen de un fuerte poder de seducción. Los
adornos, paños, joyas y mobiliario, en especial el soporte dorado
de la cama con forma de ángel, constituyen el legado de la enseñanza
del maestro Roselli.
En toda su producción, Furini interpretó temas vinculados
con las debilidades humanas y mostró un gusto por los relacionados
con el deseo carnal. La morbidez y sensualidad de sus desnudos, así
como la imaginería pagana y ciertos temas religiosos resueltos
pictóricamente en una atmósfera de misterio e intimismo,
son características de las pinturas efectistas y de intensos
claroscuros que proveyó a la aristocracia y a la rica burguesía
florentina. En Giges en la alcoba del rey Candaulo volvió a concentrarse
en la debilidad del hombre y el poder de la tentación. Si bien
se dejó influir por sus maestros y por colegas, construyó
un estilo personal que lo distingue de los demás pintores de
su época, tanto por la calidad del dibujo y el uso del color,
como por sus personajes femeninos, delicados e impuros a la vez. En
este caso, se trata de una mujer de rasgos exóticos, tal vez
orientales, que conserva los ojos voluptuosos y la boca de fuerte curvatura
de muchas de sus otras composiciones. Los azules del fondo, que contrastan
con el tono marmóreo de la piel femenina, salieron a la luz con
la limpieza y restauración de la obra, pero esos tonos prácticamente
desaparecieron de las sombras del cuerpo de la mujer, en tratamientos
anteriores.
Dos
dibujos de Furini que se conservan en el Gabinete Disegni e Stampe de
la Galeria de los Uffizi, Florencia, han sido relacionados por Angel
Navarro en su artículo Des Apennins aux Pampas: Francesco Furini
en Argentine, con nuestra pintura. Uno de ellos - Uff 9699 F-, es un
estudio de un desnudo femenino recostado, también con su torso
erguido. La solución de la parte inferior del cuerpo y especialmente
la de las piernas, se acerca notablemente a la composición de
la obra que nos ocupa, con la cual además comparte el tratamiento
de sombras. Otro dibujo -Uff. 9705 F- presenta un estudio de piernas
junto a dos intentos de resolver la pose de una figura femenina recostada
en su parte superior. Sin ninguna duda, se trata de un estudio detallado
de la pose de las piernas que aparecen en el dibujo que acabamos de
citar, que ahora aparecen completas. Además aparecen dos pequeños
esquemas en lo alto de esta hoja, que muestran dos posturas diferentes
para la figura recostada con el torso erguido, figuras que también
pueden ser vinculadas con nuestro desnudo, sobre todo cuando se observa
el tratamiento de las sombras.
En la pintura del MMBAJBC, el artista ha resuelto la pose femenina de
modo diferente a las que se ven en los dibujos mencionados: la nueva
pose es más reposado y confortable y ha obligado al artista a
plantear una ligera torsión del cuerpo y por ende una alteración
en la pose de las piernas. En relación a la que veíamos
en los dibujos, la cadera se muestra ahora más frontalmente y
las piernas han acentuado el ángulo que forman al cruzarse. La
variación, como hemos señalado, es mínima y en
ella la solución de las sombras no presenta mayor variación.
Como en los dibujos, se mantiene el esquema de definición de
la volumetría y son iguales las áreas que quedan sumidas
en sombras. Esto muestra el sabio manejo de Furini de la anatomía
y su cuidadosa observación de la figura humana. A los dos dibujos
mencionados debemos agregar un tercero que también creemos que
fue usado en nuestra pintura. Se trata de la cabeza femenina, -Uff 9704
F- que pensamos que se trata de una modelo que parece haber servido
para la realización de varias obras, entre las que podemos citar
La Fe y en Adán y Eva en el Paraíso Terrenal, ambos pertenecientes
a la Galleria Palatina florentina, donde ostenta el mismo perfil que
vemos en la pintura de Rosario. Este dibujo ha sido vinculado principalmente
a frescos que Furini pintó a partir de 1639 en la sala degli
Argenti del Palacio Pitti.
Estilísticamente los dibujos mencionados pueden ser ubicados
entre 1639-1640, por lo que es posible arriesgar como fecha de realización
de la pintura los años comprendidos entre 1641 y 1646, éste
último, año de su muerte.
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