Luca
Giordano
(1634 - 1705)
San
Lucas pintando a la Virgen, ca. 1660-1665
óleo sobre tela- 252 x 176 cm
Ingresó en 1942. Donación de la familia Castagnino.
Luca Giordano nació
en Nápoles y en 1650 ingresó en el taller de José
de Ribera, pintor español instalado unas tres décadas antes
en Italia y conocido como el Spagnoletto. Hacia 1652 Giordano viajó
a Roma, Florencia y Venecia. Descubrió a Pietro de Cortona, al
Tiziano y al Veronés. De regreso en Nápoles en 1653, se
estableció como pintor e hizo una importante carrera. Entre 1670
y 1680 realizó una cantidad asombrosa de decoraciones al fresco
y de lienzos de altar y gabinete. Además de Nápoles, actuó
en Venecia y Florencia. En la última, decoró en 1682 la
capilla Corsini en el Carmine y la bóveda de la galería
del palacio Medici-Riccardi, concluida en 1685. En 1692 Carlos II lo llamó
a Madrid. Permaneció en España diez años. Realizó
decoraciones al fresco (iglesia y escalera del Escorial, casón
del Buen Retiro, sacristía de la catedral de Toledo, San Antonio
de los Portugueses, iglesia de Atocha) y centenares de lienzos de todo
tipo, religiosos y mitológicos, para las colecciones reales y nobiliarias.
Vuelto a Nápoles en 1702, pintó la bóveda de la sacristía
del tesoro de San Martino (1704) y algunos lienzos monumentales. Su producción
influyó a buena parte de la pintura europea del siglo XVIII.
Juan B. Castagnino compró
el San Lucas pintando a la Virgen en 1920. Según el acta de donación
de 1941, procedía de la colección parisina Beurdeley y
era atribuido a Ribera: así fue registrado en el inventario del
museo y exhibido. Vacíos de documentación y desconocimiento
de la forma de funcionamiento del taller del artista no han permitido
muchas veces discernir su producción de la de sus colaboradores,
mientras que la variable calidad de su pintura y la existencia de imitadores
han creado confusiones. En importantes museos se le han atribuido obras
que no son suyas, como fue el caso de esta pintura del Castagnino. Es
posible, sin embargo, que Ribera haya pintado al evangelista Lucas y
que el cuadro se haya perdido.
En 1745 Dezallier d'Argenville sostuvo haber visto un San Lucas en la
cartuja de San Martín de Nápoles, en el que el santo era
el autorretrato de Ribera, y Jesús y la Virgen, los de su hijo
y su mujer. Alfonso Pérez Sánchez afirmó que se
conocía este curioso cuadro dado por perdido por una copia antigua
que respondía a la producción riberiana de 1648 y pertenecía
a una colección particular madrileña. El nombrado relacionó
dicha obra con Los desposorios místicos de Santa Catalina, perteneciente
al Metropolitan Museum of Art de Nueva York.
Como lo indicaron Oreste Ferrari y Giuseppe Scavizzi, Giordano habría
realizado tres o más pinturas con el tema de San Lucas retratando
a la Virgen, todas notablemente influidas por Ribera. Una sería
la del MMBAJBC, la cual, según ellos, sería una copia
tardía o reelaboración de otra que se encuentra en el
museo de bellas artes de Lyon. En consecuencia, para ellos la mencionada
atribución inicial a Ribera estaría equivocada. Pérez
Sánchez afirmó que esas obras no fueron sino una glosa,
personal y brillante de las que [cuando el artista era un niño
de apenas catorce años] vio pintar a su maestro José de
Ribera. Los primeros autores sostuvieron que el prototipo iconográfico
de la pintura de Rosario probablemente haya sido un cuadro de Giordano
perteneciente al museo de Ponce, en Puerto Rico, que consideraron un
autorretrato del pintor (se basaron en los rasgos de uno conservado
en la galería de los Uffizi, en Florencia). En un catálogo
de dicho museo se afirma que dicho pintor hizo tres copias de ese original,
que se hallan en los museos de Rosario, Lyon y Nancy, respectivamente.
Según el catálogo del museo de Lyon, su San Lucas, datado
entre 1650 y 1654, pertenecía en 1731 a la colección Farnesio
de la galería de Capodimonte de Nápoles; en 1802 fue cambiado
por el gobierno francés por 290 planchas del álbum de
excavaciones de Herculano. Se exhibió en París desde 1804.
En las telas de Lyon y de Rosario, el joven evangelista de la pintura
de Ponce ha sido reemplazado por un anciano.
Con la restauración de esta obra que se llevó a cabo en
el taller Tarea de la FA en 2001, se pudieron observar detalles que
habían quedado ocultos por tratamientos anteriores, por la suciedad
y por la oxidación del barniz, entre otros factores. Son ellos
los contrastes que definen los pliegues de la túnica del santo;
colores como el azul de lapislázuli del manto de la Virgen, los
morados de su túnica y el verde del manto del evangelista pintor,
y dos pentimenti, uno en el pie del Niño y otro en la mano derecha
del santo (esta sostiene el pincel pero en el primer intento tomaba
el borde derecho de la tela por pintar). Tales detalles, en especial
la calidad de la paleta y los pentimenti, sugieren la posibilidad de
considerar la pintura del Castagnino no como copia sino como cabeza
de la serie.
Luego de revisar los documentos técnicos de dicha restauración,
Nicola Spinosa, curador de una muestra de la obra de Giordano realizada
en Nápoles entre el 3 de marzo y el 3 de junio de 2001, en correspondencia
de junio de ese año al Castagnino, consideró al cuadro
de este no solamente autógrafo sino también una obra maestra
del pintor. Sostuvo que puede constatarse que Giordano no solo pintó
al inicio de su carrera a la manera de Ribera, sino también después
de 1660, cuando su lenguaje se caracterizaba por una belleza cromática
y una intensidad lumínica que Spinosa encuentra en el San Lucas
del Castagnino.
En la composición, el pintor
evoca los dos mundos, el terrenal en la parte inferior y el celestial
en la superior. Ambos convergen en el centro visual de la obra, en el
exacto punto donde está el cuadro que pinta Lucas. Abajo, a la
izquierda, está este sentado de perfil. A su derecha, un ángel
invade el espacio terrenal y prepara los colores. Arriba, la Virgen
posa con el Niño rodeada por ángeles. La luz, elemento
fundamental de la estética barroca, ilumina sin contrastes a
los personajes divinos y tiene su origen en el Niño. El mundo
terrestre, en cambio, está pleno de contrastes, según
el gusto tenebrista que Ribera transmitió a Giordano. Representar
un cuadro dentro del cuadro era un recurso típico del barroco.
El tema de Lucas retratando a la Virgen posiblemente no se remonte más
atrás del siglo VI. Según la tradición, aquel trató
a la Virgen cuando ella vivía en Éfeso, en casa de Juan,
y escuchó de sus labios numerosos episodios de la vida de Jesús,
que recogió en su relato evangélico. Los Hechos de los
Apóstoles no mencionan que hubiese pintado a María, por
lo que se puede pensar que se trata de una leyenda más tardía,
cuando se le atribuyeron retratos, como una tabla que está en
Santa María la Mayor en Roma. San Lucas se convirtió así
en el patrono de pintores e iluminadores. En la Edad Media los artistas
conocían el tema pero raramente lo representaban, excepto como
exvotos del gremio de los pintores a su patrón. Todas las corporaciones
de pintores se pusieron desde el siglo XV bajo su tutela y, cuando se
transformaron en academias, conservaron al evangelista como patrono.
La iconografía de Lucas pintor -convertido en modelo del artista
católico- tenía alcances doctrinarios para la Contrarreforma,
pues se proponía recordar, ante los iconoclastas, que el retrato
de la Virgen, fielmente conservado por los cristianos, era venerado
desde hacía siglos.
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