Claudio Girola
(1923 - 1994)



Espacios constructivos, 1948
aluminio y mármol- 29 x 20 x 45 cm
Firmado en la base.
Ingresó en 2003. Donación de Enio Iommi (su hermano) en el marco del proyecto de formación de la colección de arte argentino contemporáneo Castagnino/macro.



Proveniente de una familia de inmigrantes italianos, nació en Rosario, en 1923. Sus primeros estudios los llevó a cabo con el pintor catalán Eugenio Fornells. No obstante, la concurrencia al taller de su padre -dedicado a la escultura funeraria y conmemorativa- constituyó un factor determinante en su formación. Allí, al igual que su hermano Enio Iommi, tomó contacto con las técnicas del modelado y el cincelado, aprendiendo a trabajar el metal y la madera. A partir de entonces comenzó a desarrollar su obra a través de la vertiente escultórica, empleando un lenguaje ligado a la figuración.
En los últimos años de la década del 30 se trasladó a Buenos Aires, donde comenzó sus estudios en la ENBAMB. Al mismo tiempo, concurrió al taller del escultor Antonio Sibellino. Más tarde continuó su formación en la ANBA, a la cual abandonó en 1943 por no coincidir con los presupuestos estéticos dominantes.
Hacia los años 40, las tendencias abstracto-geométricas comenzaron a tener una mayor representación en el país. Así es como nació la Asociación de Arte Concreto-Invención, integrada por Girola, Iommi, Manuel Espinosa, Raúl Lozza, Tomás Maldonado y Alfredo Hlito, entre otros artistas. Esa agrupación retomó los postulados europeos del Arte Concreto, sobre todo del grupo Abstracción-Creación. Librarse del dominio de la representación en función de abolir su carácter ilusorio constituyó una de las principales premisas. Lograr esa autonomía significó abogar por un arte basado en la racionalidad y en las teorías cientificistas.
Consecuencia de esos criterios fue la utilización que Girola hizo de las formas geométricas puras, planos y líneas. Espacios constructivos pertenece a ese período productivo. La ausencia de referentes provenientes del mundo cotidiano, el uso de un lenguaje fundado en el rigor formal y la economía de los medios son algunas de las cualidades que reflejan fielmente dichas premisas. Tanto la estructura lineal, que le otorga cierta liviandad y dinamismo a la escultura, como el uso del aluminio, propio del ámbito industrial, constituyen los aspectos diferenciales en su obra.
A posteriori, empleó elementos como alambre, cartón, madera y cemento.
Girola viajó a Europa en 1949, perfeccionándose con Georges Vantongerloo, en Francia. En Italia desarrolló una fructuosa producción, a la cual expuso en forma individual y colectiva. Regresó al país y en los años 50 se radicó en Chile. Allí, junto con profesionales de distintas ramas y nacionalidades, comenzó una serie de experiencias nacidas del poema colectivo Amereida.
A partir de sus fundamentos, se creó la Ciudad Abierta de Ritoque, de la que el artista fue co-fundador. Desde entonces, lo conceptual y lo poético se amalgamaron en sus obras, sin dejar de lado ciertas formulaciones del Arte Concreto.
Entre otras actividades, se ha desempeñado como docente en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, Chile.
Ha participado en las bienales de Venecia en 1962, y de Ámsterdam, en 1970.
Expuso sus obras en museos, galerías, bienales y salones de Argentina, Chile, Brasil, España, Italia, Francia, Holanda, Inglaterra, Bélgica, Suiza y Suecia.
Recibió distinciones como el Premio Braque, otorgado Gobierno de Francia en 1963.
Falleció en Viña del Mar, Chile, en 1994.