Atribuido a Francisco de Goya y Lucientes
(1746 - 1828)



Palomas y pollos, sin fecha
óleo sobre tela- 46 x 58 cm
Ingresó en 1942. Donación de la familia Castagnino.


El Castagnino posee dos óleos atribuidos a Goya: Boceto y Palomas y pollos. Ingresaron respectivamente por donación de Héctor Astengo en 1981 y de la familia Castagnino en 1941. Ninguno tiene firma, fecha, ni rasgos que permitan relacionarlos entre sí. Su atribución reposa sobre bases diferentes. No existen datos ciertos que confirmen la atribución con la que el primero se exhibe desde que llegó. Se desconocen su procedencia, lugar y fecha de compra por el donante y por qué o quién fue así atribuido.
Las características de su composición, sin embargo, recuerdan las series de cartones para tapices, que se encuentran en el museo del Prado y que Goya produjo para la corte. Según Mena Marqués, son lienzos de grandes dimensiones pintados para servir de pauta a los tejedores de la recién creada fábrica de tapices de Santa Bárbara. Evidencian la capacidad compositiva de Goya, su sentido del color, la fuerza de su técnica pictórica y su conocimiento de la pintura clásica y de la estatuaria antigua [así como] su capacidad narrativa y su sentido punzante del humor...

Palomas y pollos es un bodegón cuya atribución se basó en dos cartas incluidas en el expediente de donación, una de Enrique Cubells y Ruiz -profesor de las escuelas de Artes y Oficios y de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid-, fechada en agosto de 1918 en Rosario, en la que el nombrado afirma que Un grupo de aves es original de Goya; y otra del 1 de abril de 1919, de Rafael Domenech -Director del Museo Nacional de Artes Industriales y catedrático de Teoría e Historia de las Bellas Artes en la misma ciudad-, que también cree poder atribuir la obra a Goya. En el acta de donación se asienta que el cuadro fue adquirido en 1915 a E. Urquiola y Luis Tejero, en Madrid. Fue donado por la familia Castagnino junto con otra obra de Goya, Bandidos asesinando a hombres y mujeres (óleo sobre tabla, 21 x 30 cm), que fue robada en 1984 y cuyo paradero no se conoce. Gaya Nuño menciona esta pintura como Ladrones asesinando a hombres y mujeres, autógrafa de Goya, pero nada dice de la que nos ocupa, lo cual permite inferir que ya en ese momento no era considerada como de mano del artista español.
Los bodegones conocidos de Goya han sido fechados entre 1808 y 1812. En el inventario de los bienes del artista, realizado en 1812 a la muerte de su esposa, se citan doce que pasaron a propiedad de su hijo Javier. Once de ellos están identificados hoy. Según Matheron, en el último período de su vida en Burdeos Goya pintó gran número de cuadritos de naturaleza muerta. Paseábase lentamente por los mercados deteniéndose a contemplar los puestos más ricos y vistosos y luego entraba en su casa donde hacía un cuadro de un solo golpe. Sin embargo, las características estilísticas de esas obras las sitúan cronológicamente en los años de la Independencia y evocan la atmósfera trágica de esos tiempos. Payró las atribuyó al Goya de siglo XVIII: Veamos esas aves reunidas en compacto, decorativo grupo. Esplendor de la materia pictórica, lisa, aporcelanada, sensual […] Tal es el Goya conformista y triunfante del reinado de Carlos III. Luna acotó que Su composición, observada en conjunto, denota una peculiar expresividad al fijarse tan interesantemente sus elementos y al ser traídos con un evidente sentido de lo espectacular hasta un primer plano y allí abandonados a la pública contemplación, dando una sensación de tenso reposo. Mena Marqués entendió que la serie de doce bodegones que permaneció en posesión del artista fue pintada con una intención decorativa para su casa. Lo sombrío de las composiciones, por la insistencia del artista en los aspectos más veraces de la muerte de los animales, ha llevado a pensar que se tratara de obras realizadas en el trágico período de la guerra de la Independencia. Sin embargo, estos lienzos, y especialmente en los dos del museo del Prado, los animales yacen junto a unas cestas toscas, de gruesos mimbres, que llevan en la parte superior las etiquetas para el nombre del destinatario, lo que habla más bien de la abundancia y hace recordar esos envíos de comida que le llegaban al artista procedentes de sus familiares o de su amigo Zapater en Zaragoza y de los que habla en sus cartas. La técnica prodigiosa de estos dos bodegones sugiere con perfección las calidades bien diferentes de las plumas de aves tan distintas como el pavo o las gallinas.
El bodegón del Castagnino no tiene estas características. Su lenguaje descriptivo, su carácter más bien académico, la pincelada minuciosa y la iluminación que proviene de afuera del motivo lo alejan de esa serie, así como la corporeidad de las aves y los volúmenes compactos, que se oponen al expresionismo y a la sensación de rapidez de ejecución de las naturalezas muertas que componen la serie. La atmósfera trágica de esta tampoco se corresponde con el tono de la obra que nos ocupa. No se conocen otros bodegones de Goya que puedan relacionarse con la pintura del MMBAJBC.