Alfredo
Guido
(1892 - 1967)
La
Chola, 1924
Firmado en el ángulo inferior izquierdo.
Ingresó en 1925. Donación de Rosa Tiscornia de Castagnino,
bajo el cumplimiento de la voluntad de su hijo Juan B. Castagnino.
La
niña de la rosa, 1921
óleo sobre tela- 85 x 70,5 cm
Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo.
Ingresó en 1925. Donación de Rosa Tiscornia de Castagnino,
bajo el cumplimiento de la voluntad de su hijo Juan B. Castagnino.

Arando, 1916
óleo sobre tela- 100 x 110 cm
Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo.
Ingresó en 1917. Donación de El Círculo.
Retrato de niña, 1920
óleo sobre tela- 85 x 71 cm
Ingresó al museo en 1920. Donación Juan B Castagnino.
Cristo yacente, 1920
óleo sobre tela- 104 x 101cm
Ingresó al museo en 1922. Donación Odilo Estevez.

Retrato del pintor Botti, 1921
óleo sobre cartón- 79.5 x 59.5 cm
Ingresó al museo en 1923. Donación Alfredo Rouillon.
Maternidad, 1923
óleo sobre tela- 83 x 70 cm
Ingresó al museo en 1924. Donación Intendencia Municipalidad
de Rosario.
La
niña del caracol, 1922
óleo sobre cartón. 79 x 91cm
Ingresó al museo en 1925. Donación Juan B. Castagnino.

Tarde
de otoño, 1920
Firma en ángulo inferior izquierdo
Óleo sobre tela- 61 x 66 cm
Ingresó al museo en 1925. Donación Juan B. Castagnino.
Estudio
de cielo, 1918
óleo sobre tela. 61 x 68 cm
Ingresó al museo en 1925. Donación Juan B. Castagnino.

Tarde
gris, 1920
Firma en ángulo inferior izquierdo
Oleo sobre tela- 45 x 61 cm
Ingresó al museo en 1925. Donación Juan B. Castagnino.
Retrato
del Sr. Juan B. Castagnino, 1918
óleo sobre tela- 98 x 82 cm
Ingresó al museo en 1925. Donación Juan B. Castagnino.
Retrato
de Emilia Bertolé, 1925
óleo sobre tela- 87 x 67 cm
Ingresó al museo en 1927. Donación Rosa T. de Castagnino
Desnudo
carbonilla- 98 x 68 cm
Ingresó al museo en 1940. Donación Rubén y Juan
Vila Ortiz
Coro de labradores, 1927
óleo sobre tela- 190 x 646 cm
Ingresó al museo en 1940. Donación José Boglione
y Sra.
Ref:
Pagano, José Leon, El arte de los argentinos, Tomo IV, Editorial
del Autor, 1937, p. 360.
Mula
con arneses
grafito- 0.16 x 0.20
Ingresó al museo en 1942. Donación Nicolás Amuchástegui
Nació
en Rosario, en 1892.
Decorador, muralista, ilustrador, grabador y pintor de caballete. Se formó
en el taller del artista italiano Mateo Casella, junto con Emilia Bertolé.
En 1912 ingresó a la ANBA, egresando a los 23 años como
Profesor de Dibujo. Allí, fue alumno de Pío Collivadino
y Carlos Ripamonte. Participó en el Salón Nacional de Bellas
Artes de Buenos Aires desde 1913, obteniendo el Primer Premio de Pintura
en 1924. En 1915 se hizo acreedor del Premio Europa, beca que no pudo
disfrutar a causa del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial.
En consecuencia, Guido viajó por toda América del Sur, volcando
su experiencia en obras posteriores. Luego se dirigió hacia el
viejo continente donde se instaló entre 1925 y 1937.
Hasta 1915, su producción se caracterizó por un naturalismo
académico, rasgo aprehendido de sus maestros rosarinos. Luego,
en el marco de la indagación sobre la identidad argentina, llevada
a cabo en la segunda y tercera década de 1900, sus trabajos se
relacionaron con la pintura de paisaje.
Esos escenarios naturales recibieron una influencia luminarista, predominando
la pintura de cielos y la perspectiva atmosférica. Allí,
los colores fueron logrados mediante la superposición de tintes
y no de manchas empastadas. Las gamas claras y la insistencia en el uso
de los azules le otorgaron un tono simbolista a sus obras, evocando cierto
lirismo relacionado con el modernismo de principios del siglo XX. Arando,
primera obra de un artista local adquirida para el futuro museo, en el
I salón de Otoño, es un claro ejemplo de ello.
No obstante, el género del paisaje no fue el único llevado
a cabo por Guido. También se dedicó al retrato, donde la
homogeneidad de la pintura fue lograda gracias al uso que realizó
de los tintes. La niña de la rosa forma parte de ese grupo de trabajos.
Allí, el artista resolvió el color con imperceptibles líneas
superpuestas sobre azules, logrando construir cierta textura reflectante
a partir de la opacidad de la materia. El resultado obtenido fueron composiciones
serenas, envueltas en una atmósfera blanquecina. Asimismo, el pasaje
cromático definió figura y fondo pero anulando la representación
de volumen dada por la técnica del claroscuro.
A partir de los postulados planteados por Ricardo Rojas en su libro Eurindia,
las intenciones de Guido derivaron en la necesidad de plantear una fusión
hispano-indígena que diese unidad y conciencia histórica
a la población. Por ello, retomó las premisas de dicho pensador,
mediante las cuales propuso recuperar elementos de las culturas precolombinas
a fin de fomentar una conciencia estética nacional. Estos planteos
se hallaron plasmados en una de las revistas más importantes de
Latinoamérica de los años 20, la revista de El Círculo,
de la cuál Guido fue co-director junto con Fernando Lemmerich Muñoz.
En esa etapa se ubica La Chola como eslabón de una larga tradición
del desnudo. Allí, una mujer acompañada por un plato de
frutas tropicales descansa sobre telas estampadas. Los motivos de esos
lienzos evocan los diseños de Gustav Klimt, al mismo tiempo que
remiten a tejidos norteños.
Con esta obra, el artista propuso una alegórica síntesis
americanista, además denotada en el título, cuyo fundamento
se halla en la mezcla de elementos disímiles. Guido planteó
una mixtura cultural entre la tradición del desnudo europeo, las
referencias a la cultura española-americana y fuertes marcas simbolistas.
Estas últimas instaladas en los ojos de la mujer, la mirada trasnochada
y el tono mortecino en su piel.
Luego se produjo un cambio de lenguaje. Si bien continuó perdurando
su intención representativa, el artista estilizó las formas
y multiplicó los elementos formales logrando composiciones decorativas.
En esas obras se agudizó su búsqueda orientada hacia la
identidad y la autenticidad del país. En consecuencia, con el aspecto
de grandes tapices regionales representó conflictos sociales latentes
en el hombre americano y sus costumbres.
La actividad de Guido ha abarcado todos los planos de la plástica
y otros campos relacionados con ella. Como grabador, cultivó la
técnica del aguafuerte y buscó el carácter típicamente
americano dentro de cierto barroquismo y de la literatura gauchesca. Escribió
numerosos artículos y pronunció varias conferencias. Realizó
vitrales, tapices y cerámicas. Diseñó muebles y biombos
en madera tallada.
Fue profesor de grabado, de decoración y composición plástica
de la ESBAEC, desempeñando allí el cargo de Director entre
1932 y 1955.
Como escenógrafo, llevó cabo decoraciones para varias óperas
realizadas en el Teatro Colón.
En 1941 fue nombrado Miembro de Número en la ANBA.
Mostró sus obras en Madrid, París y en distintas ciudades
de Argentina.
Como distinción, obtuvo entre otras: Gran Premio de Honor, Exposición
Internacional de Sevilla 1929, Medalla de Oro, Exposición Internacional
de París 1937, y Gran Premio de Grabado, Bienal de Madrid 1952.
Murió en Buenos Aires, en 1967. |