Oscar Herrero Miranda
(1918 - 1968)



El matador, 1965
óleo sobre tela- 99 x 80 cm
Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho.
Ingresó en 1980. Adquisición



Nació en Cañada de Gómez, Santa Fe, en 1918.
En 1928 se radicó en Rosario. Fue autodidacta en materia de arte, exponiendo sus obras desde 1935. Su curiosidad lo ha llevado a integrar diversas agrupaciones plásticas. Entre ellas se encuentra el grupo Refugio, donde participó como ayudante del taller infantil, en 1940. Dos años más tarde integró la Agrupación de Plásticos Independientes junto con Nicolás Antonio de San Luis y algunos ex-integrantes de la Mutualidad Popular de Estudiantes y Artistas Plásticos de Rosario. Luego, por gestión de Antonio Berni, el artista mostró sus trabajos junto con otros pintores independientes, en el local de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. Allí, el artista presentó Sinfonía para una tierra de siena natural. Un óleo no figurativo que resultó impactante para la época.
En 1950 fue miembro fundador del Grupo Litoral, junto con Juan Grela, Leónidas Gambartes, Hugo Ottman, Alberto Pedrotti y Carlos Uriarte, entre otros.
Herrero Miranda fue un pintor inquieto, nómade y en permanente proceso de búsqueda. En consecuencia, es posible visualizar la heterogeneidad de propuestas y diferentes momentos de producción dentro de su trayectoria. En principio se mostró como un pintor de raíces geométricas, pero hacia fines de los años 40, la ambigüedad se hizo presente en sus obras. A partir de entonces, convivieron en sus lienzos la geometría y la mancha, la materia y la forma, y la sustancia con la matemática y la ortogonalidad. Palomita blanca es un claro ejemplo de ello.
Hacia los albores de la década del 50, las obras del artista se caracterizaron tanto por la elaboración pictórica de las superficies como por una mayor tendencia a la abstracción. En 1958, luego del período de obras realizadas en el marco del Grupo Litoral, inauguró una nueva etapa: arte otro. Pintura de materia densa y relieves enriquecidos a partir de materiales inertes y veladuras.
En un tercer período artístico, en las obras de Herrero Miranda surgieron figuras como El matador, portadoras de gestos satíricos e intenciones irónicas. Mediante este personaje delirante, el autor ha sabido teñir la escena con cierto humor ácido.
Posteriormente, surgieron las pinturas de Totó. Figura femenina dotada de ternura y sensualidad. Consecuencia de su afán de experimentación, a estos trabajos sobrevino una serie de collages realizada en 1967. Los mismos presentan imágenes independientes unas de otras, unidas alusivamente por un contexto de sentido simbólico.
Mas tarde, su obra metafísica dio cuenta de la soledad del hombre. Por lo tanto, la figura humana se representó perdida en la infinitud, inmersa en una atmósfera misteriosa en la que Herrero Miranda intentó la síntesis de toda su producción.
Además de producir plásticamente, realizó su carrera como docente. Dictó clases en la Escuela de Bellas Artes de la UNR, y fue Director de la Escuela Provincial de Artes Visuales de Rosario desde 1962.
En 1956 representó a Argentina en la Bienal de Venecia, y participó en la Bienal de San Pablo en 1957.
Murió en Rosario, en 1968.
En 1969 se realizó una retrospectiva con su obra en el MMBAJBC.