Adolfo
Nigro
(1942)
Ritmos
del mar, 1992
óleo sobre tela- 200 x 150 cm
Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho.
Ingresó en 1995. Donación de la FT
Nació
el 22 de septiembre de 1942, en Rosario.
Hijo de una familia obrera, emigró a Buenos Aires a principio
de la década del 50. Allí, comenzó a pintar a los
nueve años junto con su hermano gemelo Jorge, también
pintor. Estudió en la ENBAMB y en la ESBAPP. La situación
económica lo obligó a realizar tareas disímiles,
desempeñándose como obrero metalúrgico y albañil,
entre otras actividades.
Durante esa época de formación, sus maestros más
importantes fueron Aurelio Macchi, Diana Chalukián, Héctor
Nieto, Antonio Pujía y, principalmente, Víctor Magariños,
quien lo guió en la comprensión de la pintura moderna.
Sus primeras pinturas datan de 1957. Fueron realizadas con óleo
y témpera, basadas en una figuración de planteos heterogéneos,
oscilante entre resultantes realistas y soluciones sintéticas
configuradas con manchas o líneas. En esos trabajos se vislumbran
dos pilares característicos de su producción: la percepción
del mundo real como punto de partida en la conformación de la
imagen, y el empleo de los conceptos de totalidad y fragmento.
En 1966 se radicó en Montevideo. Allí realizó su
primera exposición individual en la Galería U, junto con
el pintor argentino Ernesto Drangosch. Además, inició
un intenso período de formación en el taller del maestro
Joaquín Torres García.
Por entonces, la obra de Nigro siguió diversas alternativas.
No obstante, el dibujo a lápiz y pincel fueron las formas privilegiadas
de producción. También realizó pinturas al óleo
que gradualmente perdieron el carácter realista bajo las influencias
del cubismo analítico de Pablo Piccasso y Georges Braque.
Considerando las bases del realismo conceptual de Fernand Léger,
el artista comenzó a visualizar el aspecto concreto de las cosas.
Esa vía lo condujo hacia la simplificación de caracteres
y la consecuente geometrización de la imagen.
En los primeros años de la década del 70 dejó de
pintar para dedicarse a la cerámica y al tapiz. A partir de esa
modalidad de producción se desvió del realismo para poner
énfasis en las connotaciones simbólicas de vida, luz solar
y eternidad, los cuales remiten directamente al arte precolombino.
En 1974 regresó a Buenos Aires para dedicarse de lleno a la pintura,
comenzando a frecuentar en sus producciones el tema de la ciudad. Desde
1977 emprendió la realización de distintas series temáticas,
siendo la tierra un tópico fundamental hasta 1980.
En 1982 se produjeron importantes cambios vinculados con el ámbito
del objeto y el transcurrir temporal. Esas obras registran la sensibilidad
de Nigro respecto del paso del tiempo y la precariedad de las cosas
que conforman la realidad dura y asfixiante del país.
Con Ritmos de mar, sin ser expuesta anteriormente, el autor obtuvo el
Premio Trabucco, otorgado por la ANBA en 1994. Esta obra integra el
conjunto de trabajos relativos al tema del agua. Como en la mayoría
de las piezas de ese período, las formas adquieren monumentalidad
y esencialidad geométrica. Las mismas se hallan recortadas por
líneas marcadas, cristalizando la estructura compositiva. Se
trata de una imagen dinámica, plena en contrastes resueltos en
torno a la compensación de pesos visuales.
Al finalizar la década del 90, Nigro continuó indagando
en las temáticas del aire, el agua y la tierra. Tres de los cuatro
elementos que ha tomado del filósofo francés Gastón
Bachelard.
A comienzos del siglo XXI realizó una serie de collages de colores
saturados, inclinándose por la integración de elementos
cotidianos como cucharas, cajas de fósforos, alfileres y clavos.
La utilización del signo geométrico como recurso continuó
siendo una constante en esos trabajos que revelan la vinculación
del artista con las culturas precolombinas.
Realizó exposiciones en Montevideo, Santiago de Chile, Buenos
Aires, La Plata, Rosario, Madrid, La Habana, México, Nueva York
y Miami.
Entre las menciones, se destacan: Segundo Premio en el LXXVI Salón
Nacional de Artes Plásticas 1988, Primer Premio, XXIV Salón
Nacional de Grabado y Dibujo 1988, Gran premio de Honor, LXXVIII Salón
Nacional de Artes Plásticas 1989, Primera Mención, II
Bienal Chandón, MAMBA 1989 y, Premio Trabucco, ANBA 1994.
Vive y trabaja en Buenos Aires.
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