Carlos Ripamonte
(1874 - 1968)




Caballos playeros
, 1945
óleo sobre tela- 85 x 150 cm
Firmado en el ángulo inferior izquierdo.
Ingresó en 1960. Donación de Gonzalo Martínez Carbonell



Nació en Buenos Aires, el 4 el mayo de 1874. Hijo de padre italiano y madre criolla.
Inició sus estudios artísticos con el retratista Juan Bautista Curet Cenet, y más tarde asistió al taller del pintor italiano Miguel Carmine. Allí, recibió las enseñanzas de la pintura de caballete y la decoración mural. Luego, a instancias de su maestro, tomó contacto con Ernesto de la Cárcova e ingresó a la SEBA. Entre 1894 y 1898 participó en los Salones Anuales del Ateneo, época en la que el Gobierno Nacional le otorgó una beca para continuar sus estudios en Europa. Instalado en Roma, abrió su taller y conoció al maestro Arístides Sartorio.
Desde fines del siglo XIX, en Argentina se evidenciaron fuertes cambios políticos, sociales y económicos. Paralelamente y de acuerdo a esas transformaciones, se comenzó a organizar el campo artístico local. Las innovaciones estéticas que al volver de Europa trajeron algunos artistas generaron una fuerte controversia en torno al tema de lo nacional.
De regreso a Buenos Aires, Ripamonte se posicionó en esa polémica como defensor de las tradiciones y del proyecto nacionalista legitimado por el poder cultural de la época. Como consecuencia de esa postura, surgió el Grupo Nexus a principio del siglo XX, conformado por Cesáreo Bernaldo de Quirós, Fernando Fader, Justo Lynch y Pío Collivadino, entre otros. La producción de la agrupación se caracterizó por la exaltación de la tradición, el folklore y las costumbres locales, utilizando un lenguaje cercano formalmente al Impresionismo y adaptado al naturalismo académico aprendido en el viejo continente.
En 1910 tuvo lugar la Exposición Internacional del Centenario, donde se mostró una cantidad considerable de obras entre pintura, grabado, arquitectura y artes modernas. Argentina participó con 235 trabajos de diferentes artistas, y los integrantes del Grupo Nexus ocuparon un lugar destacado. Allí, Ripamonte fue distinguido por su óleo Canciones del pago, obteniendo el Primer Premio. Durante esos años, escribió en la revista Athinae una fervorosa defensa del arte nacional y del personaje del gaucho.
En sus obras, el artista supo detenerse en un minucioso estudio de los caracteres del hombre de campo realizando composiciones de gran calidad que reflejan los diferentes tipos criollos. Conocedor de las formas y poseedor de una gran habilidad para el dibujo, se dedicó tanto a estructurar como a disolver la figura mediante los efectos de color.
Aunque sin la presencia de la figura humana, Caballos playeros se vincula con dicha temática y conserva el lenguaje característico del pintor, evocando bajo una visión romántica una escena de equinos y perros. En esta obra, el tratamiento pictórico se genera a partir una paleta de gran cromatismo vibrante y fluido, donde las formas fueron estructuradas por el autor mediante el uso de los efectos de luz.
Además de llevar a cabo una importante labor plástica, entre 1908 y 1928 Ripamonte ocupó la Vicedirección de la ANBA. Al mismo tiempo, se desempeño como docente en la Cátedra de Pintura y Dibujo, en la FADU. Publicó algunos escritos, tales como Datos de una historia artística argentina y su biografía Vida. En 1928 ocupó la Dirección de la ENBAPP, alternando ese cargo con otros asumidos en la Escuela de Artes Decorativas de la Nación.
Su obra figura en museos nacionales, provinciales y en destacadas colecciones particulares.
Murió el 14 de agosto de 1968, en Buenos Aires.