Ramón Silva
(1890 - 1919)



Palermo, 1918
óleo sobre tela- 60 x 85 cm
Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho.
Ingresó en 1939. Donación de la Dirección Municipal de Cultura




Paisaje de Plaisir Grignon
, 1913
óleo sobre tela - 95 x 100 cm
Firmado y fechada ángulo inferior derecho.
Ingresó al Museo Castagnino en 1939. Donación Lelio Zeno




Invierno en las afueras de París
, 1913
óleo sobre tela - 38 x 46 cm
Firmado en ángulo inferior derecho.
Ingresó al Museo Castagnino en 1939. Donación Dirección Municipal de Cultura



Nació el 8 de agosto de 1890, en Buenos Aires.
Se inició en la pintura de modo autodidacta hasta que en 1908 frecuentó el taller de Martín Malharro, junto con Walter de Navazio, Luis Falcini y Nicolás Lamanna, entre otros.
A pesar de carecer de mayores antecedentes académicos, gracias a Luis Agote consiguió una beca del Gobierno Nacional para viajar a Europa. En 1911 partió hacia el viejo continente, donde visitó Bélgica, Holanda, Suiza y España. Radicado en París tomó contacto con la pintura postimpresionista, permaneciendo allí por un lapso de cuatro años.
De regreso al país, realizó una exposición en la antigua CNBA pero en 1916 y 1917, los envíos realizados al Salón de Acuarelistas fueron rechazados. No obstante, Alfredo Chiabra Acosta, quien se opuso a los postulados del Grupo Nexus, prestó especial atención a su producción. Este crítico entendió a sus trabajos como una continuación estética de la obra de Malharro y comparó su cromatismo violento con la fuerza expresiva de Jean Rimbaud.
Aunque la carrera de Silva fue breve, es posible distinguir tres etapas dentro de su recorrido. Su período inicial transcurrió bajo la influencia del Impresionismo y de la obra de Malharro. Luego, durante su estadía europea, asomó en su pintura la influencia tanto de Paul Cézanne como del Fauvismo. En Holanda conoció la obra de Vincent Van Gogh, cuestión que también explica su afición por los tintes encendidos y la pincelada empastada. Hacia 1916, en sus últimas obras, primó el color por sobre la construcción, en tanto elemento portador y trasmisor de espiritualidad. También Alfred Sisley dejó una huella importante en su proceso, que también deja ver cierta búsqueda y evocación de la naturaleza.
Palermo, paisaje de tono poético, representa el tercer período de Silva llevado a cabo en su regreso al país. Allí, el artista interpretó el escenario natural mediante el empleo de la luz, poniendo en evidencia sus inclinaciones simbolistas trabajadas en sus obras posteriores. El motivo aquí plasmado responde a la necesidad de emplear como modelo distintos paisajes de la ciudad de Buenos Aires. Para el tratamiento pictórico, se sirvió de pinceladas esfumadas que quitaron solidez a las formas creando una atmósfera sentimental. Con una paleta de colores puros, en la que predominan los tonos azules, el autor creó -en términos simbolistas- correspondencias espirituales, también presentes en la obra de Malharro.
Murió en Buenos Aires, el 17 de junio de 1919, a causa de una enfermedad pulmonar.