Eduardo Sívori
(1847 - 1918)



La mujer y el espejo, 1889
óleo sobre tela - 60 x 39,5 cm
Firmado y fechado en el ángulo superior izquierdo.
Ingresó en 1942. Adquisición




Arco iris
, sin fecha
óleo sobre tela- 90 x 99 cm
Firmado en el ángulo inferior izquierdo.
Ingresó en 1929. Adquisición de la CMBA





Autorretrato
, 1913
óleo sobre tela - 42,5 x 55,5 cm
Sin firma ni fecha
Ingresó al museo en 1962. Donación Domingo E. Minetti




Eduardo Sívori, al igual otros plásticos argentinos, fue uno de los más destacados representantes de la generación de pintores de 1880, momento en el que se produjeron importantes cambios en la estructura social, política y cultural de Argentina.
Nació el 13 de octubre de 1847, en Buenos Aires.
Recibió su formación artística en Europa, donde absorbió el academicismo y el naturalismo de influencias literarias. Entre 1875 y 1882 estudió en Buenos Aires con Francisco Romero, José Aguyari y Ernest Charton.
Durante ese período llevó a cabo dibujos en carbonilla y tinta, los cuales fueron publicados en La Ilustración Argentina, en 1881, edición que puso a foco los debates desarrollados en torno a la construcción de un arte nacional.
En 1883 viajó a Francia y se radicó en París. Allí asistió a la Academia Colarossi, donde tuvo como profesores a Jean-Paul Laurens y Paul Collin. También frecuentó a Pierre Puvis de Chavannes y al paisajista Hector Charles Auguste Hanoteau.
En su estancia parisina, el artista llevó a cabo una serie de obras de clara filiación realista. A través de la descripción directa de la realidad inmediata, una paleta de colores bajos, la pincelada empastada y los efectos de claroscuro que enfatizaron la sordidez de los temas es posible advertir los influjos de la obra de Gustave Courbet.
El trabajo más representativo de esa época fue El despertar de la sirvienta, enviado al Salón de París de 1887. Esa pintura escandalizó el ambiente artístico porteño debido a la representación de los detalles del cuerpo de una mujer de clase baja, en tamaño natural. La pintura pudo exhibirse únicamente a puertas cerradas en la SEBA.
Aquella actitud desafiante fue compensada en la realización de la obra La mujer y el espejo, donde el autor empleó una iconografía más poética y adecuada a las convenciones.
Más tarde, la preocupación por plasmar los efectos de la luz se manifestó en la producción de paisajes campestres de valores altos, próximos a la pintura de Jean-Francois Millet. Ese interés continuó vigente después de su retorno a Argentina en 1891, donde Sívori abandonó ciertos rasgos academicistas, estructurando su lenguaje pictórico en base al color. Actitud que denunció la influencia del Impresionismo.
De ese período data Arco Iris, cuadro que sintetiza forma y croma en una clara composición invadida por la diafanidad atmosférica. Dos franjas horizontales configuran el cielo y la tierra. Separadas ambas por la línea baja del horizonte, acentúan el carácter sereno e ilimitado de la llanura pampeana. Con pinceladas apenas perceptibles de pigmento traslúcido, el artista logró plasmar una perfecta circunferencia en el centro de la tela, configurada a partir del arco iris y su reflejo sobre el agua.
La obra de Sívori gozó siempre de gran aceptación. Además de desarrollar una intensa actividad pictórica, también incursionó en la disciplina del grabado. Carretas, La tranquera, y Tropa de Carretas fueron considerados los primeros aguafuertes realizados en nuestro país, junto con los de Emilio Agrelo.
También dictó clases en su taller y en la ANBA, donde pasó a ser Subdirector en 1905. Fue cofundador de la SEBA y Director Interino del MNBA en 1903.
Participó en numerosos salones municipales, provinciales y nacionales y expuso su producción en París.
Murió el 5 de junio de 1918, en Buenos Aires.